miércoles 26 de mayo de 2010

A proposito del 25 de Mayo

I
Soy José Vega, cartonero. Nací en esta ciudad. Mi padre también era de acá. Según decía mi abuelo los Vega vivimos en Buenos Aires desde siempre. Me case, tuve un hijo que, como indica la tradición familiar, lleva mi nombre. Por esas cosas de la vida me separe, le deje la casa a ellos Hoy es un día particular en la ciudad, están festejando los doscientos años de la patria.
Con veinte compañeros vivo bajo la autopista en Constitución. Frente a la Bagley, que ahora ya no es una fabrica sino un edificio de oficinas. Estoy aquí porque de ese lugar tiran muchos papeles y cartones. A la noche viene un camión de no se donde, me compra lo que junto.
No me gusta vivir en la calle. Pero que voy a hacer, es lo que me tocó en suerte. A mi edad es difícil cambiar esta realidad. La muchedumbre pasa a mi lado, algunos me dan una moneda, pero la gran mayoría me ignora. Formo, como el resto de los muchachos, parte del paisaje urbano. Eso es lo terrible, cuando la gente se acostumbra a tu existencia olvida que necesitas una mano para salir de esta condición.
El taller de mi viejo fundió en la época de Martínez de Hoz. Se acuerda cuando la televisión pasaba esa propaganda que decía “compre importado que es mejor y más barato”. Si, esa la de las sillas. La que el fulano se sentaba en la asiento argentino y se rompía. Vendimos la casa y el terreno para pagar las deudas. A papá le dio un infarto, todo lo que había construido se derrumbó. Mamá se fue meses después, murió de pena.
Conseguí trabajo como peón de taxi. Más tarde en una empresa de limpieza. El sueldo no era mucho, me permitía vivir en una habitación digna. Pero hace ocho años, más o menos, caí por las escaleras de un edificio, me quebré la cadera. El patrón pagó todo, sin embargo no pude volver a trabajar, la lesión no me lo permitió. Me dieron unos pesos que me dejaron vivir un tiempo. Después el gallego de la pensión me echó a la calle.
Al principio fue duro acostumbrarme a esto. Empecé a tomar, como una forma de escapar a la realidad. Quise matarme un par de veces, pero la cobardía no me lo permitió. Hoy bebo solo a la noche para dormirme y no sentir los mosquitos, el frío o el hambre. Encontré este lugar, los muchachos son macanudos. Les digo que somos la tribu de cartoneros de la Bagley.
II
Soy José Vega, tornero y peronista. Nací en esta ciudad. Mi padre también era de acá. Según decía mi abuelo los Vega vivimos en Buenos Aires desde siempre. Soy casado con un hijo que, como lo indica la tradición familiar, lleva mi nombre. Hoy es un día particular en la ciudad, están festejando los ciento cincuenta años de la patria.
Tengo un taller de tornería gracias a la Fundación Eva Perón. Lo abrí en seguida de recibirme en la Escuela de Artes y Oficios, hace ya doce años. Al General le debo quien soy. Gracias a él tuve oportunidades, a los cabecita negra nos discriminaban mucho. Mi madre se sintió parte de este país cuando tuvo derecho al voto. Además le dieron la libreta cívica que acreditaba su identidad. Papá descubrió que como trabajador tenia derechos El pobre murió en el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio del 55. Aún recuerdo cuando fuimos con mi vieja a reconocerlo a la morgue, es una imagen que jamás olvidaré.
Después del golpe fue peligroso ser peronista. No te dejaban nombrarlo. Se vivieron tiempos difíciles. Hubo un levantamiento militar, fusilaron al General Valle en la cárcel de Las Heras y a otros compañeros en los basurales de José León Suárez. Se robaron de la CGT el cadáver de Evita.
Los que tenemos trabajo estamos más o menos bien, pero hay mucha pobreza. Algunos sindicalistas están mostrando la hilacha, rosqueando para llevar agua a su molino. El Ministro de Hacienda dijo que “hay que pasar el invierno”. El Peso Nacional cada vez vale menos. Como puedo me las rebusco para ahorrar. Quiero comprarme un terrenito en Monte Grande. Después construiré una casita, sencilla. Dos dormitorios, uno para la patrona y para mí, el otro para cuando Josesito venga con sus hijos. Él me ayuda mucho en el taller, el año que viene se recibirá en el Otto Krause. Quiero que vaya a la facultad, pero la madre tiene miedo “hay mucha política” dice. Con esto del Plan Conintes la cosa está brava.
Mi mujer no quiere que lo haga. A pesar de eso, a escondidas, voy a la casa de Rulo. Ahí tenemos una unidad básica clandestina. Leemos doctrina, a Cooke, soñamos con el regreso del líder, escuchamos sus discursos. Esto es militancia. Los fusiladores creen que proscribiendo a Perón se acaba el peronismo. Pero la oligarquía poco entiende a las masas. Somos una tribu de peronistas, actuamos en conjunto, no pararemos hasta lograr el retorno de la justicia social.
III
Soy José Vega, changarín. Nací en esta ciudad. Mi padre también era de acá. Según decía mi abuelo los Vega vivimos en Buenos Aires desde siempre. Soy casado con un hijo que, como lo indica la tradición familiar, lleva mi nombre. Hoy es un día particular en la ciudad, están festejando los cien años de la patria.
Trabajaba en los talleres Vasena. A principio de año la policía hizo una masacre. Metió bala a troche y moche. Estábamos de huelga porque pedíamos trabajar ocho horas en lugar de once. Creo que es justo descansar los domingos. Pensando en mi familia decidí que lo mejor era irme. Si seguía trabajando allí me iban a meter preso por ese tema del estado de sitio. Están mandando mucha gente a Ushuaia, si me llevan para allá mi mujer y el nene no tendrán que comer. Gracias a un amigo conseguí una changa en el puerto. Hombreo bolsas de cereales que enviamos para Europa. Esta es la principal exportación de Argentina, lo llaman modelo agroexportador. Dicen que somos el granero del mundo, que el campo ayuda a construir la patria. Que en cien años vamos a ser como Estados Unidos.
Vivo en un conventillo de chapa en La Boca. Acá hay familias de muchas provincias, también de Europa, en su gran mayoría de Italia. Alquilamos una habitación pequeña, pero limpia, en una cama dormimos los tres. Sueño con que Josesito pueda terminar la escuela, yo apenas hice hasta tercer grado. Mi señora no sabe leer, tampoco tiene trabajo.
Los jueves me reúno con los compañeros, en el local de la F.O.R.A. Hay unos tanos con ideas revolucionarias. Dicen que se debe acabar la represión, el estado de sitio, hablan de trabajo digno, de elecciones libres. Estoy de acuerdo con todo eso, creo que tenemos derecho como cualquier argentino. Siempre les digo que somos la tribu de proletarios de La Boca.
IV
Soy José Vega, paisano de a caballo. Nací en esta ciudad. Mi padre también era de acá. Según decía mi abuelo los Vega vivimos en Buenos Aires desde siempre. Soy casado con un hijo que, como lo indica la tradición familiar, lleva mi nombre. Hoy es un día particular en la ciudad, hace cincuenta años que ocurrió la gesta de Mayo, y todavía no sabemos que nombre de país tenemos, si Confederación o Nación Argentina.
Estuve en la batalla de Caseros, junto a Rosas, peleando contra Urquiza. Después de eso decidí alejarme de las milicias, me hice peón de campo. Mi esposa no quiere verme muerto en una guerra que es ajena.
Vivo en un rancho de adobe y paja cerca de Flores. Tengo mi Libreta de Conchabo para poder trabajar. Subsisto haciendo tareas vinculadas al ganado en general. En escasas circunstancias trabajo de a pie, sólo cuando tengo que matar animales o poner cueros a secar. Le enseño a mi hijo el arte del lazo y el uso de las boleadoras. Como decía mi padre “de chiquito nomás hay que endurecer los músculos y acostumbrar el estomago”.
Resisto como puedo el mal trato y la arrogancia del patrón. Acá no hay leyes a veces no me queda mas remedio que hacer justicia por mano propia. Tengo que sobrevivir en esta ciudad que ahoga.
Hay mucha conmoción por estos tiempos. A pesar de haber suscrito un pacto frente a la Iglesia de Flores, los porteños se niegan a aceptarlo. Tampoco entregan la Aduana. Esto no va a terminar bien, seguiremos en guerra. Espero que triunfe la Confederación para poder crecer como nación, sino progresará Buenos Aires a expensas del interior.
V
Soy José Vega, gaucho de a caballo. Nací en esta ciudad. Mi padre también era de acá A mi abuelo le pusieron el apellido Vega cuando vino a vivir con el blanco. Somos querandíes de la familia Condie, vivimos aquí desde siempre. Soy casado con un hijo que, como lo indica la tradición familiar, lleva mi nombre. Hoy es un día particular en la ciudad acaban de destituir al Virrey, se formó una junta de gobierno.
Hasta no hace mucho la familia de mi abuelo vivía en una reducción, cerca de aquí. Antes de ser masacrados por el blanco decidieron adaptarse a esta forma de vida. Ya no quedan querandíes libres. Vivo en un rancho en las afueras, cerca del río. Eso me permite tener agua fresca. Recién pesque en el riachuelo unos surubíes para hacer al fuego. Trabajo arriando ganado con mi caballo. Es un zaino tapado, bien oscuro. A las vacas las matan, le sacan el cuero. La carne la salan y la suben a los barcos. Lo que sobra de las reces lo llevo para casa y lo comemos.
La vida por acá es tranquila, sin demasiadas preocupaciones. Si hacemos lo que nos dicen, no hay problema. No se como será a partir de hoy, por ser de esta tierra no me tiene bien conceptuado. Los españoles me tratan bastante mal.
VI
Mi nombre es Canals Condie, querandí. Vivo en estas tierras desde que nací. Ya mi padre era de acá. Mi abuelo, Teoliman Condie, fue un Cacique Querandí, que participó en la batalla donde perdió la vida el segundo fundador de Buenos Aires, Juan de Garay.
Soy libre, pesco en el río. Uso dardos y boleadoras para cazar perdices, venados, codornices y ñandues. También soy alfarero.
Se hace difícil estar en mi tierra, la de mis ancestros. El huinca quiere dominarnos e imponernos sus costumbres. Hablan de un Jesús que esta muerto en una cruz, nos dicen que tenemos que adorarlo. Yo creo en un gran Dios al que llamo Soychu. No quiero ser molestado. Nuestra toldería se esta aliando con otras tribus, los Rankulches, Taluhetes, Diuihetes. Cuando juntemos un buen número atacaremos nuevamente. Como nuestros ancestros, volveré a teñir de rojo el río. Seremos una tribu libre.

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